¿Hay vida después de las vacaciones?

De sobra nos suena el término “estrés o síndrome postvacacional”, ya que en los últimos años se ha hecho bastante popular debido al eco que tiene en los medios de comunicación, sobre todo al comenzar el mes de Septiembre, cuando la mayoría de nosotros nos incorporamos de nuevo a la rutina diaria. Y es que, este síndrome está cobrando cada vez más importancia.

Hace referencia al proceso de estrés que tenemos que afrontar tras un periodo vacacional o de ocio, para readaptarnos a las obligaciones laborales, produce molestias que hacen responder a las tareas rutinarias con menor rendimiento. Se está ante un proceso que se ha generado en los últimos tiempos y aún existe falta de acuerdo ante la oportunidad de hablar o no de enfermedad, pues para algunos autores es simplemente una situación transitoria y en parte normal, pero cuando afecta al bienestar se puede tipificar como enfermedad.

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Empecemos explicando que el estrés es un proceso normal de adaptación a las demandas del ambiente. Cuando tenemos que adaptarnos a nuevas demandas experimentamos una serie de cambios o reacciones a nivel corporal o físico, a nivel mental o cognitivo, así como a nivel conductual. Estos cambios se caracterizan por la activación, aceleración de funciones, o puesta en marcha de nuevos recursos, con el fin de dar respuesta a dichas demandas.

Sabemos que el estrés es un proceso normal, y más dentro del contexto de la vuelta de vacaciones, que es un proceso de adaptación necesario, pues se entra de nuevo en contacto con la vida activa, pues bien, el estrés postvacacional como tal, aparecerá cuando ese proceso de adaptación fracasa, entonces se generaran una serie de síntomas que alarmaran de que el estrés está afectando nuestro bienestar.

¿CÓMO SABEMOS QUE EL PROCESO DE ADAPTACIÓN HA FRACASADO?

Si la intensidad del agente estresante es muy grande y las reacciones muy intensas o lo que es peor, se perpetúan demasiado tiempo, los recursos con los que contamos (energía, salud, motivación, estado de ánimo, etc.) tenderán a agotarse y llegaremos a una situación de claudicación, en la que no tengamos tiempo para recuperar dichos recursos mediante el descanso o lleguemos a un nivel de preocupación que nos impida conciliar el sueño. Si esto empieza a suceder aparecerán los síntomas de estrés.

Destacamos los siguientes:

Cefalea, insomnio, mialgias, déficit de atención, problemas de memoria, ansiedad, etc. Éstos pueden desaparecer simplemente con descanso, pero si no se pone remedio, los síntomas se irán incrementando y apareciendo otros, y finalmente se puede llegar a desarrollar alguna enfermedad física o mental.
Al incorporarnos de nuevo a la rutina tras las vacaciones sufrimos una reacción de estrés, el volver a enfrentarnos con responsabilidades y obligaciones puede suponer un aumento de ansiedad por el miedo a fallar, etc.
Los síntomas más importantes de ansiedad que nos indican que padecemos un estrés muy alto son los siguientes:
Preocupación, inseguridad, malestar psicológico, temor a perder el control, palpitaciones, taquicardia, excesiva sudoración, temblor, molestias digestivas, dolor muscular, dolor de cabeza, evitación de situaciones, inquietud motora, etc.

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Lo habitual es padecer a la vuelta de las vacaciones un cuadro de debilidad generalizada y astenia. Aparecen problemas de insomnio que conllevarán a la somnolencia diurna. La capacidad de concentración se verá limitada. Puede haber un cambio en el carácter con cierta agresividad, sin embargo, se establece habitualmente de forma progresiva una sintomatología más propia de un cuadro depresivo. Por todo ello, se afectan diversos aspectos del estilo de vida.
La concentración, así como la capacidad de tomar decisiones se deteriora. Será imposible ordenar la agenda y poner en marcha todas las gestiones y encargos, por ello, puede iniciarse un circulo vicioso en el cual el trabajo se va acumulando.
Una persona introducida en esta dinámica puede acabar en un callejón sin salida y otra de las consecuencias más graves que puede acarrear es que las relaciones con los demás se ven deterioradas, lo sufrirán los más cercanos en el trabajo y en el hogar. Se manifestará un carácter agriado y violento que introducirá tensiones en las relaciones con los demás.

REMEDIO:

Sí prevenir, aunque parezca una solución algo inocua, lo mejor es prevenir la aparición de este fenómeno cada vez más frecuente y que puede desencadenar en un trastorno más grave como es la depresión. Se pueden intentar diversas medidas o cuidados:

-Nos debemos tomar las vacaciones como un periodo de descanso, no llegar más agotados de lo que nos fuimos.
-Mantener durante las vacaciones el horario o parte del mismo nos permitirá que sigamos con cierto biorritmo.
-A medida que se acerca el fin de las vacaciones, una vuelta progresiva a la rutina habitual favorecerá que el cambio no sea tan dramático.
-¿Iniciaste alguna afición durante las vacaciones?¿Por qué no seguir practicándola a la vuelta?
-Se podría dividir el periodo vacacional en varias partes, nos ayudará a la vuelta saber que nos quedan más vacaciones.

Si nos enfrentamos a un trabajo acumulado durante el periodo estival lo mejor es que cuando lleguemos nos lo tomemos con filosofía, podríamos empezar por:
  • Ordenar la mesa, evitando montones caóticos.
  • Es fundamental organizar la agenda estableciendo un plan de acción para afrontar todas las tareas pendientes con un orden de prioridades.
  • Comenzar el trabajo poco a poco y a ser posible por lo más grato.
  • Dormir lo suficiente, ocho horas.
  • No llevarse trabajo a casa.
  • Mantener un hábito dietético sano.
  • Buscar actividades y cosas que nos motiven; no nos olvidemos que el día tiene 24 horas y son 8 las que ocupamos para el trabajo, aprovechemos el resto del día en hacer lo que nos gusta, pasa tiempo con tu familia.
  • Marcar nuevos objetivos e ilusiones; márcate proyectos y metas que alcanzar en el trabajo, esto hará que vayas con ganas y motivado a tu trabajo.
  • Aprovecha los fines de semana y festivos para disfrutar, anótate planes en el calendario.

Si a pesar de todo lo anterior se presenta este problema, la ayuda de un especialista puede ser la mejor opción.

.- A tener en cuenta: debemos detectar si el estrés es muy intenso o se prolonga demasiado en el tiempo para poder atajarlo a tiempo, o a la larga estas reacciones de estrés intensas pueden desencadenar el desarrollo de diferentes desordenes mentales, como por ejemplo, trastornos adaptativos (de tipo ansioso, depresivo o mixtos), algunos trastornos de ansiedad (especialmente trastorno de pánico), algunos trastornos del estado de ánimo (sobre todo trastorno depresivo mayor), trastornos por consumo de sustancias (abuso, dependencia), así como algunas disfunciones del sueño, sexuales o trastornos de la alimentación.

Siendo uno de los más graves de estos trastornos la depresión, en España  está tipificada como una enfermedad mental grave que ya ocupa el cuarto puesto de la lista de trastornos que más gasto generan en atención primaria (un 4,5% del gasto total), por lo que no sería mala cosa imitar a Gran Bretaña en lo que respecta al tratamiento eficaz de los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos en donde han decidido sustituir el tratamiento farmacológico por el tratamiento psicológico con técnicas cognitivo-conductuales, que han demostrado ser más eficientes a medio y largo plazo.
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